
Portátiles, teléfonos móviles y ahora los coches eléctricos se nutren de este codiciado mineral.
La industria del automóvil trabaja para dar de lado al petróleo. El presidente de General Motors, Rick Wagoner, calculaba el pasado mes de enero un periodo de entre cinco y siete años para que el sector encuentre nuevos combustibles con los que sustituir al oro negro. La teoría parece simple, la práctica es mucho más complicada. Los grandes fabricantes investigan en varios frentes, desde los combustibles denominados bio hasta el hidrógeno pasando por los coches eléctricos. Ésta última es la opción de más éxito.
Al menos sobre el papel de los discursos y los comunicados de prensa, todos los grandes
constructores de vehículos —General Motors, Chrysler, Toyota, Renault, Nissan,
Volkswagen...—, han entrado en la carrera por tener en el mercado un vehículo eléctrico (que se enchufe directamente a la red) en la próxima década.
Igual que los móviles los coches eléctricos ya existen, pero su limitada independencia (sólo pueden recorrer alrededor de 60 kilómetros) ha reducido su uso. Ahora, los fabricantes han encontrado en las baterías de ion-litio, las mismas que utilizan los teléfonos móviles y los ordenadores portátiles, la panacea. Hasta hace no mucho las baterías funcionaban con plomo lo que las hacía pesadas y de baja potencia. Eficaces para arrancar el motor, pero no para alimentarlo. Después, llegaron las baterías de níquel-cadmio que tampoco dieron éxito a estos coches. El avance ha llegado de la mano de las baterías de litio, un mineral ligero que permite transportar energía.
Con él, todo podría cambiar y Bolivia, que cuenta con los mayores recursos de litio del mundo, podría convertirse en la Dubai de 2050. El crecimiento en el uso de este material ha provocado que una tonelada de litio haya aumentado su precio desde los 350 dólares que costaba en 2003 hasta los 3.000 dólares que vale en la actualidad.
Algo que no ha sentado demasiado bien a la industria farmacéutica, quien hasta hace poco tenía casi en exclusiva el uso de este mineral. El litio se usa para el tratamiento de determinadas enfermedades como la depresión. De hecho, las baterías se quedaban con el 9% del litio que se producía en 2000, ahora absorben ya el 20% y si los coches eléctricos tienen éxito, ése porcentaje aumentará sin duda.
Sólo hay que echar un ojo al número de móviles que se comercializan hoy en día, las ventas de
portátiles crecieron un 27% el pasado año en el mundo hasta 78 millones de unidades, mientras que el número de móviles ha pasado de los 800 millones que existían en 2000 a los 3.300 millones de 2007, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
Un nuevo petróleo
Si el litio se convierte en el petróleo de este siglo podría incluso llegar a producir un nuevo orden
mundial. Los países que cuentan con reservas de este mineral tendrán en sus manos la fuente de la riqueza. Las reservas de este mineral están repartidas en Argentina, Chile, Bolivia, en los lagos del Tibet, Australia, Rusia y EEUU. Chile es el primer productor mundial.
Por el momento, nadie parece afectado porque las reservas de este mineral se acaben. Tampoco
existe un informe claro de cuánto puede haber en el mundo ni de cuánto puede llegar a producirse. Un estudio de la consultora Meridian International Research titulado “El Problema con el Litio” se pregunta si habrá para todos. El informe pone en duda que el incremento de la producción de este mineral pueda llegar a permitir una revolución en el mundo del automóvil. Según indica el estudio en el escenario más optimista no se podrán producir más de ocho millones de vehículos como el que sacará al mercado General Motors, el Chevrolet Volt. Una cifra mínima si se tiene en cuenta que cada año se producen en todo el mundo alrededor de 60 millones de automóviles, según la asociación mundial de fabricantes de vehículos, Oica.
También nacerá un nuevo orden dentro de la propia industria del automóvil. Si la revolución eléctrica gana, los fabricantes de baterías —Sanyo, Panasonic, Siemens...— cobrarán una
importancia vital.
Fuente. La Gaceta de los Negocios