Es silencioso, limpio y eficiente, pero no sabemos dónde recargarlo y todavía es difícil encontrarlo en el mercado. El coche eléctrico va a estar cada vez más presente en las ciudades españolas, pero antes hay que solucionar un problema: las infraestructuras para alimentar las baterías de estos nuevos vehículos.Frente a este problema, el Idae (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía) se puso manos a la obra con el Plan Movele, que pretende introducir, en dos años, 2.000 coches eléctricos e instalar más de 500 surtidores de electricidad.
Al calor del motor del plan, pero también buscando un mercado que tiene mucho futuro, las compañías han empezado a lanzar sus proyectos. Iberdrola y General Motors (que cuenta con el eléctrico Chevrolet Volts) ya están buscando soluciones para las necesidades técnicas de las infraestructuras de suministro energético.
Cenit Verde
ACS y Seat también se han subido al coche eléctrico, esta vez a rebufo del nuevo programa del Ministerio de Industria español denominado Cenit Verde, que tiene previsto invertir 8.000 millones en el desarrollo industrial de esta tecnología. ACS pretende adquirir experiencia para convertirse en constructor y gestor de las estaciones de servicio eléctricas (ver EXPANSIÓN del 2 de octubre).
Sin embargo, resolver el problema de las infraestructuras de abastecimiento es complicado, porque implica un cambio radical en la red de distribución eléctrica. Hasta ahora, los vehículos deben recargarse por la noches, en las horas valle, en las que hay menor consumo energético.
Pero esta solución es temporal, ya que las perspectivas de crecimiento de la demanda eléctrica con la llegada de los turismos superarán la capacidad de producción actual. Por eso, los expertos empiezan a hablar de las redes inteligentes: un sistema de gestión de la electricidad activo y capaz de interactuar con el cliente.
La idea que hay detrás de este nuevo modelo es que el cliente puede ser también productor de energía si tiene instaladas unas placas solares en su oficina o domicilio. Esto también permitiría que el excedente de la luz fuese volcado y vendido en la red. Así, el camino de la energía sería de ida y vuelta.
Siemens ya cuenta con algunas soluciones para estas redes. Para dar muestra de la capacidad de desarrollo de la tecnología, espera recibir hasta 2014 pedidos valorados en más de 6.000 millones de euros.
Al margen de las soluciones de infraestructuras, en el mercado existe una respuesta técnica para la otra parte del sistema de carga de turismos: los surtidores de electricidad. Es el caso de los puntos de recarga Cardylet, desarrollados por la firma asturiana Temper.
Estos cargadores pueden colocarse en edificios, vías públicas y viviendas, y han sido desarrollados con materiales reciclables y reciclados, en línea con la filosofía verde de las nuevas formas de transporte.
Temper cuenta, en asociación con Isastur y la Fundación Prodintec, con un proyecto piloto para transformar Gijón en un laboratorio de pruebas para los vehículos eléctricos y las redes de recarga de las baterías.
El proyecto Living Car es la primera iniciativa de estas características que se desarrolla en España. Para llevar a cabo el plan, se instalarán un mínimo de 10 cargadores en lugares públicos y privados. Después, se analizará su viabilidad y se buscarán mapas de ruta para el uso de coches eléctricos.
Temper ya se ha puesto en contacto con otros cien ayuntamientos de toda España que tienen planes para impulsar la tecnología, y confía en que los 5.000 millones de euros del Fondo Estatal para el Empleo y la Sostenibilidad Local sirvan para desarrollar el uso del turismo eléctrico.
Con las administraciones en marcha y las compañías buscando soluciones, sólo falta la colaboración del consumidor para que el coche limpio circule por las calles españolas.
Fuente: Expansion
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